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EL CENTRO DE ESCUCHA Extractos del "Breve tratado sobre los objetivos y las tareas de los educadores"
Cómo está organizada la
acogida
de un niño de la calle Los niños que viven en la calle son niños que han perdido todo contacto no solamente con su familia, sino también, en muchos casos, con los adultos en general. Lo más importante es reanudar el diálogo con ellos. En esto consiste el trabajo principal del educador o de la educadora del centro de acogida y de escucha. Una vez restablecido el diálogo, hay que reintegrarles en su familia, lo que se consigue en un 60% de los casos, dado que la familia y el ambiente familiar pueden haber cambiado mientras tanto. Si todos los intentos de encontrar a la familia del menor han sido vanos, hay que encontrar para él una estructura de acogida definitiva, un hogar en una estructura de tipo familiar. Luego, habrá que reintegrarle en el mundo de los adolescentes, y después, en el de los adultos: Escolarización, formación e inserción profesional.
IUn CAE (Centro de Acogida y de Escucha) cuenta con 2 o 3 educadores. Mientras que uno de ellos permanece en el CAE, el otro (los otros) descansa o va a buscar a los niños que duermen en la calle. A los niños que encuentre, les invita a dormir en el CAE, pero nunca obligándoles. El educador toma contacto con las fuerzas de seguridad (policía, guardias municipales) y les explica cual es su papel. Trabaja relacionándose con ellos pero nunca con ellos para evitar que los niños se asusten. Lleva una camisa con el logotipo de su asociación bien visible para evitar malentendidos acerca de su papel.
El CAE es un lugar de acogida. El menor puede dormir sin ser molestado. Tiene a su disposición una colchoneta y mantas. Puede ir al lavabo, se puede duchar y hay toallas para secarse. El CAE es un lugar de escucha. El niño de la calle tiene a alguien (el educador) que está dispuesto a escucharle. Probablemente sea el único momento en todo el día que un adulto le escuche. El educador tiene que descubrir poco a poco cual es el problema del menor, el porqué se encuentra en la calle. Lo más probable es que mienta y la verdad aparecerá solo poco a poco. Una vez ganada la confianza, el educador puede intentar devolver al niño a su entorno familiar, eventualmente ayudando también a la familia. Si queda evidente que no es posible reinsertar al niño o a la niña en su familia, tendrá que ser integrado en una estructura-hogar de tipo familiar. El CAE dispone de medicamentos básicos para cuidar pequeñas infecciones, llagas o tos. Pero el educador no es enfermero, y si hace falta, dirige al menor a la enfermería más próxima. En el CAE, el menor puede cenar, lo que constituye un medio muy importante para quitarlo de la calle. El CAE está dotado de un mobiliario mínimo (colchonetas, colchones, mantas) y a veces también de un televisor, si esto ayuda para que los niños dejen de frecuentar los establecimientos con proyección de vídeos pornográficos. El menor puede lavarse y secarse. Hay jabón atado a una cuerda en cada ducha y se le entrega una toalla para secarse. Hace falta cierta disciplina. Hay que respetar los horarios para ir a dormir y para levantarse. Los niños mismos se encargan de la limpieza, pero sobre todo se les enseñará a no robar, a no mentir, a no tomar drogas y a no prostituirse. Los documentos. El CAE dispone di un primer registro donde
se anotan cada día los siguientes datos: Fecha, nombre de los educadores
en servicio, nombre y edad de los niños acogidos por la noche, hora
de acogida, e incidencias.
Las cuentas del centro se mantienen al día en los siguientes registros
: La
estructura-hogar de tipo familiar
Si los educadores del Centro de acogida no han podido reintegrar al menor en su familia, tiene que ser integrado en una estructura-hogar de tipo familiar. El menor tiene que querer formar parte de esta nueva familia, y educador tendrá que ser muy hábil para ayudarle a tomar esta decisión.
La estructura-hogar de tipo familiar se compone de un educador y de una educadora, preferiblemente de edad madura y sin hijos propios, de una o dos personas de ayuda doméstica, dependiendo de la edad de los menores a cuidar, y de una quincena de niños. Los educadores que tienen más de dos hijos propios quedarán excluidos, porque no les será posible ocuparse plenamente de esta nueva familia. El menor encontrará el entorno familiar indispensable para su desarrollo. Será cuidado con cariño y firmeza. Será el hogar de una familia en condiciones modestas, posiblemente cerca de un colegio. Aprenderá a limpiar la casa (según turnos establecidos), a lavar la ropa, a hacer la cama, etc.
La pobreza no contradice la higiene. El menor tiene que ir limpio, con ropa limpia. Aprender a mantenerse limpios es una tarea muy difícil para los niños que han vivido en la calle, pero se trata de una tarea de importancia primordial. El educador y su familia tienen que dar buen ejemplo. Sobre todo al principio, será necesario obligarle a ducharse cada día.
El hogar está equipado de los utensilios necesarios para cocinar, de mesas con bancos o taburetes, donde los niños pueden comer y hacer deberes, leer, escribir, etc. y de literas. Cada menor dispone de una cama propia (o de una cama doble en el caso de los más pequeños), de mantas, toallas y de un cajón o de una caja para la ropa de recambio.
A la edad de 16/17 años y dependiendo de su madurez, el joven deja a su familia sustitutiva para integrarse en una estructura-hogar de jóvenes aprendices. Sigue en contacto con su familia sustitutiva, visitándola los días de fiesta o los domingos, como lo haría un hijo ya independiente que vuelve al hogar para ver a su familia.
La ropa nueva tiene infinitamente más valor que la ropa usada, de forma que la ropa siempre se compra nueva. La ropa donada es clasificada y vendida a bajo precio a las estructuras que disponen de un presupuesto para el vestuario. Las ganancias procedentes de estas ventas permiten adquirir ropa al mayor que será igualmente vendida a precios muy bajos. Se trata de una de las tareas del director del centro.
Un taller de sastrería donde una monitora se encarga de las jóvenes mayores que dejan la escuela. Cuando las jóvenes son formadas, dejan la estructura-hogar con su máquina de coser. Varios talleres que funcionan de la misma forma que el anteriormente descrito (de bordado, de pintura sobre seda). Estos talleres disponen de un presupuesto independiente, como pequeñas empresas. Si uno de estos talleres consigue su autonomía económica, se separa de la asociación y se organiza en una cooperativa. Luego se creará un nuevo taller para substituir el taller que se ha independizado. Los jardines y huertos de los hogares de tipo familiar proporcionan una gran ayuda y una excelente formación para los niños. Las ventas de los productos del jardín o del huerto representan una gran ocasión para remunerar a los niños que no perciben ningún tipo de paga semanal. La
estructura-hogar de jóvenes trabajadores
La experiencia demuestra que no hace falta que el menor deje repentinamente
la familia sustitutiva para integrarse en la vida profesional independiente. El
centro de ayuda para el trabajo
De los niños de la calle se pasa inevitablemente a las madres de la
calle. |
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