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ALGUNOS CAMPOS DE ACTIVIDADES - MANILLE, PHILIPPINES

La Fundación Virlanie lleva 15 años ayudando a los niños de la calle de Manila, en Filipinas. Dominique Lemay, presidenta de la Fundación, nos presenta a continuación sus campos de acción.

Hace varios años que por medio de películas, reportajes y libros se está dando a conocer a la opinión publica la situación extrema en la que se encuentran los niños y adolescentes que viven en las calles de Manila, en Filipinas. Una vez pasada la emoción, la conciencia vuelve a caer en la somnolencia, cansada de cierto sensacionalismo mediático, a la merced del fatalismo o del olvido.

Se han logrado organizar programas de ayuda de emergencia y de ayuda a largo plazo, coordinándose entre ellos, recibiendo el apoyo de personas sensibilizadas e de las autoridades locales. Su trabajo está reconocido y despierta simpatía. Se trata, antes de todo, de salvar a los que sufren más en esta ciudad inmensa de 15 millones de habitantes : niños y adolescentes sin familia que viven 24 horas sobre 24 en la calle. Sus condiciones de vida son escalofriantes, nos conmueven y nos escandalizan. Es una lucha por la supervivencia, lo que significa violencia y drogas. Significa una soledad extrema, pero también significa la prostitución, recurso del menor que le permite sentirse amado, poder lavarse, alimentarse y llevar algunos pesos a la banda de niños comparten su lucha de sobrevivir.

Una situación que ya es horrible para un adulto, y que lo es aún más para un niño que aún no está estructurado afectiva y psicológicamente y que debe luchar por hacerse respetar por los mayores en la jungla de la calle.

Para paliar esta situación no hace falta crear grandes centros cerrados o semi-cerrados empleando a un gran número de especialistas. Con la base de un centro de escucha se puede realizar un trabajo inteligente en la calle por parte de educadores competentes y motivados. Poco a poco se iba delineando un proyecto impulsado por los niños : crear pequeñas estructuras de tipo familiar donde se pueden sentir a la vez libres y seguros.

Siendo su proyecto, los mismos niños han establecido las reglas de base : no robar, no drogarse, no venderse, no mentir sobre las cosas importantes. Cada centro comprende como máximo 20 niños, tomando como ejemplo la estructura familiar sin querer sustituir la familia de origen. El proyecto contempla que el niño tenga recaídas, lo que es normal a la vista de haber estado tanto tiempo viviendo en la calle. Poco a poco, el niño va creándose un futuro con la ayuda de los adultos en un marco que no separa lo afectivo de lo educativo. Ser escuchado, ser reconocido, ser amado, poder contar sobre el otro son factores poderosos para impulsar la integración.

A sabiendas que no será rechazado de nuevo, el niño podrá adquirir una nueva confianza en si mismo y crear una nueva imagen de sí. Será un niño como los demás, va al colegio y redescubre el gusto de jugar y de muchas otras actividades. Cuando crezca, también de adolescente será apoyado en su vida personal y profesional.

Situado primero en un contexto de emergencia humanitaria, el proyecto adquiere un perfil educativo a largo plazo. Solo así se podrá "filipinizar", asegurando cada vez mejor la formación del personal y la coordinación de la administración local.

Cuando llegué a Filipinas en 1987, me escandalicé en ver a niños tan pequeños vivir y morir en las calles de Manila. No pretendía arreglar el problema, pero sí ayudar a los niños de tener otra oportunidad de vida. Fue así que creamos con unos colaboradores filipinos el primer centro de acogida para los niños de la calle.

Nuestro primer acercamiento consistía en observar a los niños en las calles donde vivían, escucharles, conocerles y darnos a conocer.

Hemos siempre concedido la prioridad a los niños a los que nadie quería : los minusválidos, prostituidos, drogadictos. En 1989, y por la primera vez en Filipinas, propusimos a los niños que no podían volver a sus familias de reunirse en un centro con una estructura de tipo familiar, al rededor de una pareja presente 24 horas sobre 24, una ama de casa y una asistente social. El hecho de volver a encontrarse en un ambiente familiar (amor, atención y escucha) devuelve a estos niños malheridos las ganas de vivir y la esperanza de una vida mejor.

La escolarización tiene un papel importante en la reinserción y el equilibrio de los niños. Una vez regularizados sus problemas afectivos, los niños desean ser como los demás niños. En Manila, ser escolarizado es ya todo un éxito. Les ayuda a tener una perspectiva de un futuro mejor. Para los que tienen problemas escolares se proponen formaciones técnicas o artesanales.

Los niños de la calle son siempre niños a riesgo. A partir de los 4 años, muchos ya están en la calle. La miseria económica rompe a las familias que abandonas a los hijos o les maltratan. Los niños minusválidos viven un doble rechazo. Así que las drogas, los robos y la prostitución llevan a los niños cada vez más a la marginalización.

Las niñas son mucho menos presentes en las calles (entre un 20 y un 25%). Muchas de ellas se prostituyen y son rechazadas por la sociedad. Para ellas hemos creado un especial centro familiar de acogida. A prescindir de la edad y del sexo, los niños sufren el mismo abandono e intentan olvidarlo formando pequeñas bandas. Cada una de ellas gestiona y protege su territorio.

En esta situación de abandono la droga tiene un lugar importante. Los niños consumen solventes, anfetaminas o barbitúricos que son fáciles de procurar. El 80% de los niños de la calle toma regularmente drogas para olvidar, aunque sea solo un momento, su angustia y su inmensa soledad. Los efectos de las drogas pueden ser desastrosos sobre el equilibrio psicológico y sobre el comportamiento social y la violencia que se puede generar.

En la calle los niños reciben muy poca información acerca de los riesgos y las enfermedades sexualmente transmitidos, como el sida. La Fundación Virlanie organiza, conjuntamente con otras organizaciones, sesiones informativas en la calle y en los centros de acogida.

La higiene es un verdadero problema para los niños que viven en la calle. La ausencia de higiene causa muchas enfermedades, como por ejemplo la sífilis y otras infecciones.

Los niños de la calle no solo sufren el rechazo social, también sufren el abuso por parte de adultos sin escrúpulos.

Hasta agosto de 1993, muchos niños de la calle estaban en prisión solo por el hecho de ser vagabundos. Gracias a la tenacidad de la fundación y gracias a la actitud comprensiva del ayuntamiento de Manila, los niños ya no son encarcelados sino temporáneamente acogidos en un edificio abierto cercano a la prisión, niños y niñas por separado.



Para más informaciones, contactar a la Fundación Virlanie :

   

Fundación Virlanie
4055 Yague Street, Bgy Singkamas
Makati City, Metro Manila
FILIPINAS
+ 632 895 5260 ou 897 2584
+ 632 895 5232
 virlanie@virlanie.org
www.virlanie.org

Creada el 5 de marzo 2005 - Actualizada el 9 de noviembre 2008