- Se debe considerar al niño de la calle como a un niño
y no como a un delincuente, ni como a un antisocial, ni tampoco como
a un enfermo.
- Antes de hablar, el adulto escucha al niño, toma
en cuenta sus deseos. El papel del adulto es de enseñarle la
diferencia entre el sueño y la realidad.
- Son los niños mismos quienes deciden de lo
que les concierne individualmente o colectivamente. El niño
viene con plena voluntad y puede regresar a la calle si lo desea.
En los centros, se toman las decisiones en común.
- El adulto establece un contrato sencillo con el niño.
El contrato tiene que ser respetado de manera escrupulosa. Hay que
tener mucho cuidado de nunca mentir al niño.
- Cada vez que sea posible, se dará la prioridad al regreso
estable y duradero a la familia.
- Si un niño está colocado en un centro o en una familia
acogedora, es preciso que viva sin lujo, en las condiciones
mismas que conocerá más tarde cuando sea adulto.
- Hay que proscribir completamente las grandes residencias.
- Se dará importancia a preservar en el niño los valores
de la calle (voluntad, astucia, vivacidad, iniciativa, solidaridad
con los otros niños...).
- El niño será educado en la religión de sus
padres. Todo proselitismo será proscrito.
- El niño tiene que saber que jamas lo abandonaremos,
desde el primer encuentro y para siempre aún cuando sea adulto.
"Si
eres serio, te queremos, si no lo eres, te queremos también." |