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LA CARTA DE RUFISQUE

  1. Se debe considerar al niño de la calle como a un niño y no como a un delincuente, ni como a un antisocial, ni tampoco como a un enfermo.

  2. Antes de hablar, el adulto escucha al niño, toma en cuenta sus deseos. El papel del adulto es de enseñarle la diferencia entre el sueño y la realidad.

  3. Son los niños mismos quienes deciden de lo que les concierne individualmente o colectivamente. El niño viene con plena voluntad y puede regresar a la calle si lo desea. En los centros, se toman las decisiones en común.

  4. El adulto establece un contrato sencillo con el niño. El contrato tiene que ser respetado de manera escrupulosa. Hay que tener mucho cuidado de nunca mentir al niño.

  5. Cada vez que sea posible, se dará la prioridad al regreso estable y duradero a la familia.

  6. Si un niño está colocado en un centro o en una familia acogedora, es preciso que viva sin lujo, en las condiciones mismas que conocerá más tarde cuando sea adulto.

  7. Hay que proscribir completamente las grandes residencias.

  8. Se dará importancia a preservar en el niño los valores de la calle (voluntad, astucia, vivacidad, iniciativa, solidaridad con los otros niños...).

  9. El niño será educado en la religión de sus padres. Todo proselitismo será proscrito.

  10. El niño tiene que saber que jamas lo abandonaremos, desde el primer encuentro y para siempre aún cuando sea adulto.
"Si eres serio, te queremos, si no lo eres, te queremos también."

Actualizada el 9 de noviembre 2008